02
abr
09

Testimonio de un arrepentido

tapa-1Letún era lo que podría haber sido mi mejor amigo, era un atún, tenía aproximadamente veinte años cuando lo conocí.

Fue muy curioso cómo lo conocí, yo estaba en el bar del pueblito donde vivíamos, siempre había escuchado rumores de él, pero nunca le di bola. Ese día se rumoreaba que iría a saldar unas cuentas con alguien que se había endeudado mucho con el bar, casualmente era yo. Pero como siempre, ni bola del mundo, yo vivía aparte, sumergido en alcohol y maní.

Entró con pasos agigantados, como si fuera un vaquero del lejano oeste o Terminator, con esa superioridad, la reputación y el respeto del pueblo entero por sus obras de caridad y ayuda a huérfanos y pobres. Yo estaba sentado como siempre en la mesa de siempre sin ninguna preocupación igual que siempre, cuando entonces sentí un golpe en la nuca, me retumbó la cabeza, aunque eso quizás fue efecto del alcohol, y me dijo con voz grave:

-Che, pibe, le debés al bar más de quinientos mangos, ¿qué pensás hacer?-

-Ni idea, dejame terminar la cerveza y vemos qué podemos hacer- le dije totalmente inconciente.

-Te estás confundiendo, eh, tené cuidado con quién te metés. Vamos afuera a arreglar esto-

-Bueno dale, vamos-

Me llevó a la vuelta del bar y nos pusimos a discutir, la voz ronca se le había ido, tenía esta vez una voz dulce y estaba dispuesto a escuchar mis razones. Le dije así como me salió que mi esposa se había ido con otro y que lo único que me mantenía alegre era emborracharme y después revolcarme en mi propio vómito.

-Así no es la cosa… En serio te digo, si querés podemos hablar bien sobre esto, pero tenés que saber que esa no es la solución. Tenés que salir adelante, sacar fuerzas de donde no las hay, tenés que ver el vaso lleno aunque no tenga ni una gota de nada- y la imagen mental fue un vaso bien grande de cerveza y le dije:

-Sí, tenés razón. Mirá, no quiero cortarte el chorro, pero allá hay un cangrejo muerto, ¿qué hacemos? Parece que lo mataron-

-Vamos a ver-

Y cuando fuimos sentimos (bah, no sé si él lo sintió) un aroma a muerto en descomposición, y parecía llevar varios días en ese lugar. Lo movimos con un palito y abajo de él había un dineral bastante importante.

-Hagamos esto- le dije -¿mitad y mitad? Hagamos como que todo salió bien, que me diste una lección y que recapacité sobre la deuda y decidí pagarla. Yo quedo como un boludo y vos como el héroe, ¿te parece?

-¿Y qué hacemos con el muerto?-

-Y bueno, lo llevamos a un descampado o lo tiramos al río, eso es lo de menos, el tema es dónde metemos toda la plata-

-Tengo un auto acá estacionado, llevemos de a poco sin que nadie se de cuenta-

-Esperá, traé un par de bolsas y separemos mitad y mitad, acordate del trato-

-Ok, hagamos eso-

Y eran $19.500… Mi mitad y sacando los $500 de la deuda. De ahí en más Letún y yo nos hicimos amigos, nos unía el secreto, no hay peor cosa que te una un secreto, pero salimos beneficiados los dos. No volví a tomar alcohol, la felicidad que me daba mi esposa era la misma que la que me daba la plata. Ahora podía comprarle juguetes nuevos a mis hijos, podía salir a pasear adonde quisiera, y me alié con Letún en las beneficencias y obras de caridad. Él ponía la plata y yo la cara, porque los niños solían asustarse cuando Letún les llevaba juguetes, pensaban que los iba a matar, algunos murieron de infartos me contó Letún, era el mayor secreto del hospital al que donaba, ahora me unía al grupo del secreto, otro más que nos unía a Letún y a mí. En resumen, yo era el vivo y él el bruto, yo era el que diseñaba todo y él el boludo que por hacer el bien terminaba perdiendo.

Un día me confesó que cuando tenía diez años mató a la hermana accidentalmente, o no tanto… Quería experimentar qué se sentía matar a alguien. Miren que a mí no me causa asco nada, pero lo que hizo fue extremadamente sádico. La hermana estaba en la cuna, Mariana creo que se llamaba, y Letún entró al cuarto donde Mariana dormía y la mordió, arrancándole con la boca la carne tierna de su hermana. Y no sólo eso, sino que también se la comió, cruda y sin sal, un pecado. Después le echó la culpa al perro. Pobre animal, los padres decidieron sacrificarlo. Y pobre Letún, un taradito que se creía que yo era su amigo y que no contaría nada a nadie, y no lo hice, no vi necesidad, sacaría provecho de la situación, un secreto más que nos unía y yo saldría ganando.

Ahora lo más importante, la plata de Letún, no había gastado ni un centavo de las veinte lucas, además ni que lo necesitara… Tenía un trabajo decente, vivía como los reyes, tenía nada más que veinte años y un futuro por delante. En cambio yo, una familia que mantener, cuarenta años, divorciado y desempleado. Vamos… ¿Necesitaba la plata o no? Necesitaba, también, aprovechar la oportunidad, el pez grande se come al más pequeño, aunque él fuera un atún y yo una tortuga, pero eso no viene al caso.

Al cabo de unos meses empezó a caerme bien Letún, o tal vez no, pero no era tan boludo como yo pensaba, no sería fácil robarle o más bien pedirle prestado el dinero. Tranquilamente podía decirle que necesitaba esa plata porque había vuelto a caer en las redes del alcohol y no tenía plata para darles a mis hijos, pero no, como ya dije, no era tan boludo como aparentaba. Así que lo más fácil, él era soltero, ya bastante crecidito, era hora de que se buscara una novia.

La llamé a mi hermana y acordamos un día para juntarnos, tenía algo importante para proponerle, ya se imaginarán, o no. Al día siguiente nos juntamos y tuvimos la siguiente conversación:

-Necesito que me ayudes, tengo que recuperar una plata que me pertenece, la tiene Letún, no sé si habrás escuchado algo de él. Lo que necesito es que…- y me interrumpió

-¡Claro que lo conozco! Es amigo de tu mujer, ¿no te acordás?-

-¿Qué?-

-Sí, ¿en serio no te acordás?-

-Con razón se hace el pelotudo, la turra de Luciana me dejó por ese. Hagamos esto, vamos a ir a la casa de Letún, debe estar con ella, y vos le decís a él que te dejó embarazada, ¿dale?-

-¿Y qué gano?-

-¡La mitad, mujer! ¿Qué esperás? ¿Que no te de nada a cambio?-

-Vamos ahora-

Fuimos hasta la casa de Letún, mi hermana entró y yo me quedé afuera, esperando que alguno saliera, tanto Letún como Luciana, quería vengarme de esos dos hijos de puta por haberme cagado la vida, ahora la plata no me importaba, pero aún así la tomaría.

Se escuchó un disparo, Letún le había disparado a mi hermana, pero ella antes de morir le cortó el tendón de un pie. Entré enfurecido y disparé a matar, Letún y Violeta, mi hermana, estaban muertos. Entré en pánico, mi hermana muerta por culpa de Letún y Letún muerto, por culpa mía. Luciana no estaba, así que agarré los 20.000 y cuando estaba por salir entró alguien en la casa. Me escondí tras la puerta y entraron tres personas. Gritaron y gritaron hasta quedarse sin voz, lloraban, les reconocí la voz, pero seguía violento y les disparé, eran mi mujer y mis dos hijos. Cinco muertos y 20.000 pesos. Tenía que actuar rápido. Los cargué al auto y los llevé al río, donde habíamos dejado al cangrejo de los $40.000 con Letún.

Los inocentes sean unidos, ahora los inocentes descansan en paz.

-¿Te arrepentís de lo que hiciste?-

-Un poco, a los dos días ya estaba en el Caribe escapándome de una perpetua segura, pero bueno, llegaron ustedes y acá estoy.-

-¿Algo más que quieras agregar?-

-Perdí cosas importantes, mis hijos, mi mujer, mi hermana, lo que fue una amistad… Pero bueno, son cosas que pasan, ¿no?-


Por: Bartolomeo

© Ledém, 2009

ledeem@gmail.com

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1 Respuesta a “Testimonio de un arrepentido”


  1. abril 3, 2009 a las 12:20

    jjjaS* YO POR SUERTE NO tengo deudas!!*
    ahora si …con la vida ..tal vez
    muy bueno !!*
    A*


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